Estamos alerta a todo lo que nos rodea, a lo cotidiano. Cuestionamos los objetos, su uso, los materiales, la manipulación... sin perder de vista al consumidor, sus necesidades, su comodidad, su tiempo, sus emociones.
En eso consiste nuestro trabajo a la hora de diseñar, en una observación permanente del exterior y de las demandas de los seres humanos.
Diseñamos a partir de una necesidad, que nos llevará hasta la creación de la IDEA. Una vez aquí le quitamos todo lo que no responda a un porqué hasta quedarnos sólo con la esencia.
La estética pasa a un segundo plano: si un objeto es "bonito" pero no funciona de nada sirve, es un fracaso.